Acompañar en el silencio...
Hola familias,
en esta entrada os propongo un reto, acompañar a nuestros pequeños desde el silencio.
En nuestro día a día todos estamos envueltos de estímulos constantes, de mucho ruido, incluido el ruido mental.
Todo ese ruido se lo pasamos inconscientemente a nuestros pequeños.
Es cierto que la palabra es la gran herramienta de comunicación para expresar al resto del mundo lo que vemos, sentimos y pensamos, pero el silencio podría ser la herramienta con la que nos expresamos, a nosotros mismos, lo que vemos, sentimos y pensamos.
Cuantas veces estamos con nuestros pequeños y no paramos de llenar los espacios de palabras: "Mira que gatito más bonito", "¿te gusta?", "¿Qué ha pasado?", "¿Dónde te duele?", "pídele perdón", "¿Quién es este del dibujo?", "¿Qué es esto?"... Les exigimos más palabras.
Los niños también necesitan contemplar, observar en silencio. Si llenamos los espacios con palabras constantemente, les estaremos privando de llenar esos espacios con sus propias palabras internas.
Pero, ¿cómo acompañarles en el silencio?en esta entrada os propongo un reto, acompañar a nuestros pequeños desde el silencio.
En nuestro día a día todos estamos envueltos de estímulos constantes, de mucho ruido, incluido el ruido mental.
Todo ese ruido se lo pasamos inconscientemente a nuestros pequeños.
Es cierto que la palabra es la gran herramienta de comunicación para expresar al resto del mundo lo que vemos, sentimos y pensamos, pero el silencio podría ser la herramienta con la que nos expresamos, a nosotros mismos, lo que vemos, sentimos y pensamos.
Cuantas veces estamos con nuestros pequeños y no paramos de llenar los espacios de palabras: "Mira que gatito más bonito", "¿te gusta?", "¿Qué ha pasado?", "¿Dónde te duele?", "pídele perdón", "¿Quién es este del dibujo?", "¿Qué es esto?"... Les exigimos más palabras.
Los niños también necesitan contemplar, observar en silencio. Si llenamos los espacios con palabras constantemente, les estaremos privando de llenar esos espacios con sus propias palabras internas.
Los pequeños necesitan de nuestra presencia física, mirándoles de cerca, o manteniendo cierta distancia pero estando ahí, siendo parte de su juego aunque sea sin participar.
Tal vez nos comenten cosas sobre el juego, a lo que podemos asentir suavemente, mirar a los ojos cuando le escuchamos, sin mediar palabra, pero estando totalmente presentes.
Tal vez nos comenten cosas sobre el juego, a lo que podemos asentir suavemente, mirar a los ojos cuando le escuchamos, sin mediar palabra, pero estando totalmente presentes.
Habéis observado a los niños cuando están totalmente sumergidos en su juego, les salen sonidos de dentro, hacen el ruido de un motor, de un animal... son momentos en los que están muy conectados en su momento.
Otras veces les descubrimos en modo contemplativo, mirando por la ventana, haciendo algún juego repetitivo al que no le encontramos una razón de ser, o simplemente observando un juguete en silencio. Todos estos momentos son sagrados y deberíamos tratarlos como tal.
Otras veces les descubrimos en modo contemplativo, mirando por la ventana, haciendo algún juego repetitivo al que no le encontramos una razón de ser, o simplemente observando un juguete en silencio. Todos estos momentos son sagrados y deberíamos tratarlos como tal.
Son momentos en los que el niño interioriza sus vivencias, las representa internamente, las procesa y conecta consigo mismo. Son momentos que le permiten realizarse y crecer.
Cuando observamos el juego en silencio es posible que comencemos a darle vueltas a la cabeza sobre cosas que nos quedan pendientes, la agenda de mañana, la compra de la semana, si tenemos que cortarnos las uñas... intentamos por todos los medios no mirar el teléfono...
Puede ocurrir que empecemos a opinar, a hacer sugerencias; ¿Y si mezclas este color con este? ¿Y si coges el palo así?....
Este es un buen ejercicio para nosotros también, para aprender a estar presentes, a calmar la mente y silenciarnos.
Os dejo una propuesta muy sencilla para comenzar a ejercitar el silencio:
- Cuando miremos un cuento con nuestros hijos y encontremos una página donde no hay texto, intentemos no escribir con nuestras propias palabras eso que estamos viendo. No hablemos, quedémonos unos instantes en silencio mirando la página y luego, poco a poco pasar a la siguiente.
¿Aceptáis el reto?


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