El Apego I - El Apego Seguro


Después de conversar con diferentes educadores y familias, he llegado a la conclusión de que hay bastante confusión acerca de lo que es el apego y la importancia de este.
Tanto es así, que he decidido dedicar un par de entradas a hablar sobre el tema.

¿Qué es el apego?

El apego es el vínculo emocional que se genera entre el niño y los progenitores, o cuidadores.
Para comprender la importancia de este vínculo, es importante conocer los diferentes tipos de apego, cómo se desarrollan, y el impacto de este vínculo en el desarrollo de los pequeños.

Según Mary Ainsworth y sus colaboradores, esta sería la clasificación de los tipos de apego:

Tipos de apegoComencemos por el Apego Seguro.

Hay una idea erronea y algo generalizada acerca del apego seguro, entendiendo que este no es más que "malcriar", "mimar en exceso", "sobre proteger"... nada más lejos de todo eso.

Un apego seguro sería algo así como poder vivir con la certeza de que tras de mí, hay personas a quienes mirar, recurrir, sabiendo que me darán aliento y me ofrecerán sostén cuando lo necesite.

Después de varios estudios, se llegó a la conclusión de que los niños que habían consolidado un tipo de vínculo seguro con su cuidador, exploraban el entorno con curiosidad y alegría. Cuando el progenitor o cuidador desaparecía de la sala, manifestaban su malestar con lloros y gestos de preocupación; pero fácilmente se consolaban una vez que su figura de apego regresaba.

Los niños que han experimentado un apego de tipo seguro, son niños más felices cuyos padres - cuidadores han sabido satisfacer sus necesidades en las diferentes etapas evolutivas, haciéndoles sentir queridos e integrados en el sistema familiar, a través de la empatía, la disponibilidad y la sensibilidad.
Todo esto le ofrece al niño una autoestima positiva, confianza en sus habilidades y en su valía y sentirse digno de ser amado. Estos niños tendrán facilidad para comunicar sus estados emocionales y sus necesidades.

Los niños que han tenido un apego de tipo seguro, en su vida adulta, tienden a ser personas emocionalmente más estables y coherentes. Confían en sí mismos y en los otros; y que acostumbran a establecer vínculos de apego profundos. Se relacionan con naturalidad, haciendo uso de la empatía e interpretando las experiencias y las acciones de los otros, desde un prisma más optimista y positivo.


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